Cuando decidí comprar La gran trampa, de Daniel Lacalle, lo hice pensando que era un libro principalmente de economía al cuál se le podría sacar jugo para la inversión de particulares. A grosso modo se podría decir que ha cumplido las expectativas en cuánto a economía y cultura general del sistema monetario, pero se ha quedado corto en cuanto a aportaciones relevantes para inversión.
El libro se estructura en dos partes, la primera es Crear dinero de la nada y la segunda Cómo escapar del tsunami monetario.
En la primera parte se explica cómo hemos llegado a la situación actual, con un sistema económico y financiero inundados de deuda, tipos de interés por los suelos o incluso bajo tierra, crecimiento bajo del PIB y expectativas aún más bajas, zombificación de la economía y por último, inflación moderada o inexistente. De forma muy resumida, Lacalle lo achaca (con acierto desde mi punto de vista) a que durante los últimos 50 años se han venido aplicando ininterrumpidamente políticas de incentivación de la demanda vía expansiones monetarias y keynesianimo mal aplicado. ¿Qué significa esto en cristiano? Que los gobiernos suben impuestos y penalizan el ahorro para ellos gastar más, esperando así que ese gasto reactive la economía. Si el gasto se produjese en inversión productiva y con retorno económico, podría llegar a ser positivo, el problema es que como sabemos, casi siempre los políticos invierten en sectores improductivos y clientelares que solo llevan a empeorar la situación a medio/largo plazo. Por otro lado, la gente que aboga por soluciones keynesianas de subir el gasto, casi siempre se olvidan de la otra pata de la teoría de Keynes, que es ahorrar en períodos de bonanza en previsión de épocas más duras.
Esta primera parte detalla cómo funcionan los programas de expansión monetaria de los bancos centrales (Quantitative Easing o QEs), y cómo acaban teniendo consecuencias negativas si no se complementan con políticas de reformas estructurales (impuestos, industria, envejecimiento de la población, etc). Se ponen ejemplos de cómo han fracasado estas políticas a lo largo de la historia con los ejemplos de Argentina, Venezuela, Japón con el Abenomics, y los QEs americanos o europeos recientemente. Incluso se cita un estudio según el cuál el mayor exponente de éxito de éstas políticas keynesianas, el New Deal de Roosvelt de los años 30, en realidad no fue tal y lo que hizo fue retrasar la recuperación económica 5 años más.
La segunda parte trata de proponer soluciones al desaguisado presente, tanto político-teóricas para los bancos centrales, como prácticas para los inversores. Las soluciones políticas propuestas pasan por aplicar políticas de oferta en lugar de demanda. Esto es bajar impuestos, reducir deuda, vigilar el gasto público improductivo, reducir burocracia y aplicar reformas estructurales. El ejemplo más claro que usa el autor es el de Rusia en la crisis de 2015 y viene a traducirse en que más vale un día colorado que ciento amarillos. Incrementar deuda y bajar tipos de interés puede ser una solución puntual correcta si venimos de un entorno económico propicio donde nos hemos preparado adecuadamente (deuda baja, superávit, etc), pero no si venimos de hacer la cigarra de mala manera con un déficit y deudas demasiado altos. Recordemos que la deuda pesa como una losa y no hace otra cosa que cercenar las posibilidades de crecimiento de las generaciones futuras.
El apartado más interesante del libro a mi modo de ver está en esta parte y es el que trata acerca de las materias primas o commodities. Muestra como la mayor variable que explica la subida o bajada de los precios de las commodities es el precio del dólar y las políticas de la Reserva Federal USA. A partir de ahí explica como su precio viene determinado por el cruce de la oferta y la demanda, analizando también las interrelaciones existentes en materías primas como puede ser la afectación que tiene sobre el trigo el precio de la energía.
Lo último que trata en la segunda parte son consejos para el inversor particular y vienen a ser aspectos bastante lógicos aunque básicos y poco desarrollados. Por ejemplo, sobre renta fija recomienda revisar muy bien los fundamentales de los emisores y no dejarse llevar por el consenso general acerca del riesgo 0 en determinados activos. En cuanto a acciones, un poco más de lo mismo, comentarios básicos acerca de empresas cíclicas con buenos fundamentales y "surfear" el mercado según suba o baje... ¡Pero si el market timming es precisamente lo más complicado de todo! 😭😂 También recomienda, y es donde estoy más de acuerdo, tener una pequeña parte del capital en oro o bitcoin como reservas de valor.
Como conclusión opino que el libro es interesante y recomendable si buscamos conocimientos de política monetaria y políticas económicas en general, pero algo justo si lo que buscamos es conocimiento aplicable para la inversión particular.
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